Fraude con el aceite de oliva
Aceite de oliva extra

Fraude con el aceite de oliva

El aceite de oliva es un producto, indispensable en la dieta mediterránea. Una de las marcas más conocida de nuestro país. Es la base de la gastronomía española y un valor muy importante en nuestra economía. Un mercado así de jugoso no se libra de los intentos de fraude. Los intentos de timo son habituales en el aceite de oliva, al vender un aceite etiquetado como “extra” cuando sólo era “virgen”.

Con la bajada de precios en el aceite de oliva han saltado todas las alarmas. Muchas marcas han sospechado de posible fraude en su elaboración y comercialización.

Entre los fraudes más extendidos está el de usar aceite refinado para mezclarlo con aceite virgen extra. Los aceites de oliva virgen y virgen extra se obtienen mediante los dos primeros métodos de extracción, siempre mecánicos y sin usar refinado. El virgen extra es el de máxima calidad y nunca debe sobrepasar los 0’8 grados de acidez. La única diferencia entre el virgen extra y el virgen es que el segundo es de peor de calidad. Se permite un nivel de acidez de hasta 2 grados. El aceite que pierde la denominación de virgen es una combinación de aceite de oliva refinado (como máximo un 90%) y aceite de oliva virgen o virgen extra.

Un resultado muy polémico

Un informe que presentó la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), revela que tras analizar 41 marcas de Aceite de Oliva Virgen Extra (AOVE) de las que se comercializan en el supermercado, los catadores determinan que 20 de ellas no contienen Aceite de Oliva Virgen Extra, sino sólo Aceite de Oliva Virgen (AOV), que es una categoría inferior. Esta organización destaca que el Aceite de Oliva Virgen a secas es unos 50 céntimos más barato que el Extra. El consumidor estaría pagando un sobrecoste por un producto que no es el que dice ser en su etiqueta. Se trata de un engaño de carácter económico, no es un problema que afecte a la salud pública.

El documento de la OCU ha generado mucha polémica en el sector, pues las pruebas realizadas fueron llevadas a cabo por expertos catadores y no de forma científica.

El aceite de oliva es un producto “muy regulado” en sus diferentes variedades, pero “necesita” una norma de calidad única, que “permita eliminar” el alto porcentaje de fraude. Este tipo de prácticas,  generan confusión al consumidor, dañan la imagen del producto y reducen su valor.  Favoreciendo que en muchos mercados internacionales el aceite de oliva queda clasificado en el genérico de grasas. Limitando su potencial como producto alimenticio muy beneficioso para nuestro organismo y bienestar.